En un momento en que el mundo busca alternativas frente al cambio climático y la degradación ecosistémica, la empresa colombiana propone un modelo de agricultura regenerativa basado en el cáñamo industrial que integra ciencia, tecnología, trazabilidad y participación comunitaria.
Por: Daniel Viana
Revista Herba Buena
En un momento en el que el mundo busca alternativas para enfrentar el cambio climático, regenerar los ecosistemas y construir economías más inclusivas, surgen iniciativas que proponen una nueva manera de relacionarnos con la naturaleza. Una de ellas surge desde, Colcañamo – Cáñamo de Colombia, organización liderada por David Ben Amy Orrego, quien ha dedicado los últimos años al desarrollo de modelos de agricultura regenerativa, bioeconomía territorial y transformación social basados en el aprovechamiento sostenible del cáñamo industrial (Cannabis sativa L.).
Su propuesta va mucho más allá de un cultivo agrícola. A través de ECOLOMBIA, un Ecosistema Digital de Datos Bioeconómicos, busca integrar ciencia, tecnología, educación, trazabilidad, sostenibilidad y participación comunitaria para construir una nueva visión del desarrollo rural y urbano en Colombia. Conversamos con él sobre los desafíos, oportunidades y el papel que puede desempeñar el cáñamo industrial en la construcción de un futuro más sostenible.
El origen: una pregunta profunda sobre el desarrollo
Hierbabuena Revista (HB): ¿Cómo nace Colcañamo y cuál es la visión que impulsa este proyecto?
David Ben Amy Orrego: Colcañamo nace de una pregunta muy sencilla pero profunda: ¿cómo podemos generar desarrollo económico sin seguir deteriorando los ecosistemas de los cuales dependemos?
Durante muchos años hemos visto modelos productivos que priorizan la extracción de recursos sin medir adecuadamente sus impactos ambientales y sociales. Nosotros decidimos recorrer un camino diferente, entendiendo que la naturaleza no es una fuente inagotable de materias primas sino un sistema vivo que debe regenerarse y fortalecerse.
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Por eso Colcañamo no surge únicamente como una organización relacionada con el cáñamo industrial. Surge como una plataforma de articulación entre productores, investigadores, instituciones, empresas y comunidades que comparten una visión común: construir una bioeconomía basada en la regeneración de los territorios.
Nuestra visión es que Colombia pueda convertirse en un referente internacional en agricultura regenerativa, bioeconomía tropical y producción sostenible, aprovechando su biodiversidad, sus conocimientos ancestrales y su enorme potencial humano.
El cáñamo como puerta de entrada a la regeneración
HB: ¿Por qué decidieron trabajar con el cáñamo industrial?
DBA: El cáñamo industrial representa una extraordinaria oportunidad para demostrar que es posible producir mientras se generan beneficios ambientales.
Es una especie con una gran capacidad de producción de biomasa, múltiples aplicaciones industriales y un potencial enorme para integrarse a procesos de economía circular. A partir de una sola materia prima pueden desarrollarse cadenas de valor relacionadas con alimentos, fibras, biocompuestos, construcción sostenible, cosmética, textiles, biomateriales y muchas otras aplicaciones.



Sin embargo, para nosotros el verdadero valor del cáñamo industrial no radica únicamente en sus productos derivados. Su importancia está en que nos permite demostrar un modelo de agricultura regenerativa capaz de generar información científica sobre captura de carbono, recuperación de suelos, eficiencia hídrica, biodiversidad y sostenibilidad territorial.
Es decir, el cultivo es apenas el comienzo. Lo realmente importante es todo el conocimiento que puede construirse alrededor de él.
Bioeconomía tropical: más que vender materias primas
HB: Usted habla constantemente de bioeconomía. ¿Qué significa realmente este concepto?
DBA: Muchas personas asocian la bioeconomía únicamente con la comercialización de productos naturales, pero su alcance es mucho mayor.
La bioeconomía consiste en utilizar responsablemente los recursos biológicos y el conocimiento científico para generar valor económico, social y ambiental de manera simultánea.
En nuestro caso hablamos de una bioeconomía tropical porque Colombia posee una de las mayores biodiversidades del planeta. Tenemos ecosistemas únicos, especies únicas y condiciones agroecológicas excepcionales. Lo que históricamente hemos considerado una riqueza natural debe convertirse también en una riqueza de conocimiento.
La verdadera bioeconomía no consiste solamente en vender materias primas. Consiste en generar ciencia, innovación, tecnología, transformación industrial, empleo de calidad y desarrollo territorial a partir de nuestros recursos biológicos.


ECOLOMBIA: los datos como activo territorial
HB: ¿Cómo encaja ECOLOMBIA dentro de esta visión?
DBA: ECOLOMBIA es probablemente la evolución natural de todo el trabajo que hemos venido desarrollando.
Lo definimos como un Ecosistema Digital de Datos Bioeconómicos porque busca integrar información ambiental, productiva, social y económica para comprender mejor el comportamiento de los territorios.
Durante décadas se han tomado decisiones sobre el campo sin contar con suficiente información. Nosotros creemos que los datos pueden convertirse en una herramienta de transformación social.
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Por medio de ECOLOMBIA buscamos documentar científicamente procesos de regeneración ambiental, captura de carbono, productividad agrícola, restauración de suelos y generación de impacto social. De esta manera los territorios podrán demostrar con evidencia verificable los beneficios que producen.
La información se convierte entonces en un nuevo activo para las comunidades.
Tecnología al servicio del conocimiento campesino
HB: La tecnología tiene un papel importante dentro de su propuesta. ¿Cómo la entienden ustedes?
DBA: La tecnología debe estar al servicio de las personas y no al contrario.
Cuando hablamos de innovación territorial 5.0 nos referimos a la integración de herramientas como inteligencia artificial, sensores ambientales, monitoreo satelital, análisis de datos, trazabilidad digital y tecnologías distribuidas para fortalecer la toma de decisiones.
No buscamos reemplazar el conocimiento campesino. Todo lo contrario. Buscamos complementarlo.
Los agricultores poseen conocimientos acumulados durante generaciones. La tecnología permite medir, validar, documentar y escalar esos conocimientos para generar nuevas oportunidades económicas y ambientales.
Por eso creemos que el futuro no está en elegir entre tradición o innovación. El futuro está en integrarlas.


Trazabilidad: la confianza construida con evidencia
HB: Usted ha insistido en la importancia de la trazabilidad. ¿Por qué es tan relevante?
DBA: Porque vivimos en una época donde la confianza se construye con evidencia.
Los consumidores, las empresas y las instituciones quieren saber de dónde provienen los productos, cómo fueron cultivados, qué impacto generan y quiénes participaron en su producción.
Por esta razón hemos trabajado en modelos de trazabilidad que permitan documentar cada etapa de la cadena de valor, desde el origen de la materia prima hasta la transformación final.
Nuestro objetivo es que cada producto pueda contar una historia verificable sobre su origen, sus prácticas productivas y sus impactos ambientales y sociales.
La trazabilidad ya no es únicamente una herramienta de control. Se ha convertido en una herramienta de transparencia, competitividad y construcción de confianza.
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Impacto social: la sostenibilidad también es inclusión
HB: ¿Qué impacto social esperan generar?
DBA: Para nosotros la sostenibilidad no puede limitarse al componente ambiental.
Un territorio sostenible también debe generar oportunidades para las personas que lo habitan.
Por eso trabajamos para fortalecer asociaciones, organizaciones comunitarias, productores rurales, jóvenes, mujeres y emprendimientos locales. Queremos que la innovación llegue a quienes históricamente han tenido menos acceso a oportunidades.
Creemos que el conocimiento debe democratizarse y que las comunidades deben participar activamente en la construcción de los modelos económicos que impactan sus vidas.
El verdadero éxito de cualquier proyecto no se mide solamente en indicadores financieros. También debe medirse en calidad de vida, inclusión social y fortalecimiento comunitario.
Bioeconomía como alternativa a las economías ilícitas
HB: Colombia ha enfrentado históricamente desafíos relacionados con economías ilícitas. ¿Puede la bioeconomía contribuir a generar alternativas?
DBA: Definitivamente sí.
Muchas regiones del país no necesitan únicamente sustitución de cultivos; necesitan sustitución de oportunidades.
La transición hacia economías legales requiere construir cadenas productivas viables, acceso a mercados, transferencia de conocimiento, asistencia técnica, infraestructura y acompañamiento institucional.
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La bioeconomía ofrece precisamente esa posibilidad porque permite generar valor a partir del territorio sin destruirlo.
Cuando una comunidad encuentra formas sostenibles y rentables de aprovechar sus recursos naturales, se crean incentivos reales para permanecer dentro de la legalidad y fortalecer procesos de desarrollo territorial de largo plazo.
UNAIS 5.0: laboratorios vivos de regeneración
HB: Háblenos de las Unidades Agronómicas Integrales Sostenibles (UNAIS 5.0).
DBA: Las UNAIS 5.0 representan nuestra visión de cómo deberían evolucionar los sistemas productivos del futuro.
No las concebimos únicamente como fincas o unidades agrícolas. Las entendemos como laboratorios vivos donde convergen producción, educación, investigación, monitoreo ambiental, innovación y participación comunitaria.
Cada unidad busca generar información sobre regeneración de suelos, biodiversidad, productividad y sostenibilidad, mientras fortalece las capacidades locales.
Son espacios donde el conocimiento científico y el conocimiento territorial dialogan permanentemente para construir soluciones adaptadas a las realidades de cada región.
Agricultura regenerativa: el agricultor como gestor de biodiversidad
HB: ¿Qué papel juega la agricultura regenerativa dentro de todo este modelo?
DBA: Es el eje central.
La agricultura regenerativa busca mejorar progresivamente la salud de los ecosistemas productivos. Esto incluye fortalecer los microorganismos del suelo, aumentar la materia orgánica, mejorar la infiltración del agua, promover biodiversidad y reducir la dependencia de insumos externos [Regeneration International].
Nuestra visión es que la agricultura deje de ser vista únicamente como una actividad extractiva y sea reconocida como una herramienta de restauración ambiental.
El agricultor puede convertirse en un gestor de biodiversidad, un capturador de carbono y un actor fundamental en la lucha contra el cambio climático.
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Colombia en 2045: una bioeconomía como opción de vida
HB: ¿Cómo imagina Colombia dentro de veinte años si estas iniciativas logran consolidarse?
DBA: Imagino un país donde el desarrollo económico y la conservación ambiental dejen de verse como objetivos opuestos.
Un país donde las comunidades rurales sean reconocidas como productoras de alimentos, conocimiento, biodiversidad y servicios ecosistémicos.
Un país que aprovecha su riqueza biológica para generar innovación, investigación y valor agregado.
Imagino territorios conectados mediante ecosistemas de información capaces de medir y demostrar sus impactos positivos. Comunidades empoderadas gracias al acceso al conocimiento. Jóvenes encontrando oportunidades en el campo. Empresas comprometidas con la sostenibilidad y consumidores cada vez más conscientes.
En resumen, imagino una Colombia donde la bioeconomía no sea simplemente una estrategia de desarrollo, sino una verdadera opción de vida para las generaciones presentes y futuras.
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HB: Un mensaje final para los lectores de Herbabuena.
DBA: Estamos viviendo una época de transformación profunda. Los desafíos ambientales, sociales y económicos que enfrentamos exigen nuevas formas de pensar y actuar.
La invitación es a comprender que la sostenibilidad no es responsabilidad exclusiva de gobiernos, empresas o agricultores. Es una construcción colectiva.
Cada decisión que tomamos como ciudadanos, productores, consumidores o investigadores tiene un impacto sobre el futuro de nuestros territorios.
El cáñamo industrial es una herramienta. La tecnología es una herramienta. Los datos son una herramienta. Pero el verdadero motor de la transformación sigue siendo el ser humano cuando decide trabajar de manera colaborativa por el bienestar común.
Ese es el país que estamos intentando construir desde COLCAÑAMO y ECOLOMBIA. Un país donde regenerar la naturaleza también signifique regenerar oportunidades para las personas.
Regenerar el territorio, regenerar la vida: la bioeconomía como horizonte
La conversación con David Ben Amy Orrego deja una idea central que atraviesa toda su propuesta: la bioeconomía no es un sector económico más, es una forma de habitar el territorio. En un país donde la relación entre campo, biodiversidad y conflicto ha sido históricamente tensa, iniciativas como Colcañamo y plataformas como ECOLOMBIA plantean que la salida no está en reeditar modelos extractivistas —aunque se vistan de verde— sino en construir ecosistemas de datos, conocimiento y valor donde las comunidades rurales dejen de ser proveedoras de materias primas para convertirse en productoras de evidencia científica, servicios ecosistémicos y soluciones climáticas verificables.
El cáñamo industrial, en esta lectura, funciona como una llave de entrada: una especie capaz de articular cadenas productivas completas, desde la fibra hasta los biocompuestos, pasando por la captura de carbono y la restauración de suelos. Pero la verdadera apuesta de Colcañamo está en lo que viene después del cultivo: trazabilidad digital, innovación territorial 5.0 y una agricultura regenerativa que convierte al campesino en gestor de biodiversidad.
El mapa de la bioeconomía en Colombia
Esta entrevista abre una línea editorial que Hierbabuena Revista desarrollará durante los próximos meses con una serie de entregas dedicadas a profundizar en los ejes que atraviesan la bioeconomía y el desarrollo sustentable en el contexto colombiano y latinoamericano.
La bioeconomía, en suma, no es una moda ni un eslogan. Es una disputa por el sentido del desarrollo en el siglo XXI. Y Colombia, con su biodiversidad, su diversidad cultural y sus deudas pendientes con el campo, tiene todas las condiciones para ser un laboratorio global de estas transformaciones. La pregunta no es si el país puede hacerlo, sino si tendrá la voluntad política y la coherencia ética para intentarlo.