En medio de la crisis climática y la degradación de los suelos agrícolas, el biochar emerge como una tecnología ancestral renovada que transforma residuos de café, arroz, caña y bambú en un aliado estratégico para la bioeconomía regenerativa.
Bogotá D.C., 7 de agosto de 2026.- Mientras el mundo busca soluciones frente al cambio climático y la degradación de los suelos, una tecnología con raíces milenarias está renaciendo con fuerza en América Latina: el biochar. Este carbón vegetal, obtenido mediante pirólisis de residuos orgánicos, no es un combustible contaminante sino una herramienta regenerativa capaz de permanecer en el suelo durante cientos o miles de años, almacenando carbono, reteniendo agua y revitalizando la vida microbiana.
Según Colcañamo, dedicada a la bioeconomía tropical, el biochar representa «mucho más que un mejorador de suelos: es una herramienta estratégica para la seguridad alimentaria, la adaptación al cambio climático y el desarrollo sostenible de los territorios rurales».
¿Qué es el biochar y cómo se produce?
El biochar es un carbón vegetal obtenido a partir de residuos orgánicos como restos de poda, cáscaras de frutos, cascarilla de arroz, bagazo de caña, bambú y biomasa de sistemas agroforestales. Su producción se realiza mediante pirólisis, un proceso en el cual la biomasa se calienta a altas temperaturas en ausencia o con muy poco oxígeno. En lugar de convertirse en humo y cenizas, el material conserva una estructura de carbono altamente estable.
Bajo el microscopio, un grano de biochar revela una estructura porosa similar a una esponja, con una enorme superficie interna que le permite retener agua, conservar nutrientes, servir como refugio para microorganismos benéficos y mejorar la aireación del suelo. No reemplaza los fertilizantes, sino que mejora la eficiencia con la que el suelo utiliza los nutrientes disponibles.


¿Por qué es tan especial?
Si observáramos un pequeño grano de biochar bajo un microscopio descubriríamos una estructura llena de diminutos poros, similar a una esponja. Esa enorme superficie interna le permite:
- Retener agua durante más tiempo.
- Conservar nutrientes esenciales para las plantas.
- Servir como refugio para microorganismos benéficos.
- Mejorar la aireación del suelo.
- Reducir la pérdida de fertilizantes por lavado.
En otras palabras, el biochar ayuda a que el suelo sea más fértil y eficiente.
Un aliado de la agricultura
Muchos suelos han perdido materia orgánica debido a la erosión, el uso intensivo y las prácticas agrícolas inadecuadas. Cuando el biochar se incorpora correctamente al terreno, puede contribuir a:
- Mejorar la estructura del suelo.
- Favorecer el desarrollo de las raíces.
- Incrementar la actividad biológica.
- Aumentar la capacidad de retención de humedad.
- Reducir el estrés de los cultivos durante épocas secas.
- Disminuir la necesidad de algunos fertilizantes.
Es importante entender que el biochar no reemplaza los fertilizantes, sino que mejora la eficiencia con la que el suelo utiliza los nutrientes disponibles.
Biochar y cambio climático
Uno de los mayores aportes del biochar es su capacidad para almacenar carbono. Las plantas capturan dióxido de carbono (CO₂) de la atmósfera mediante la fotosíntesis. Cuando esos residuos vegetales se transforman en biochar, gran parte de ese carbono queda estabilizado y puede permanecer almacenado en el suelo durante largos periodos.
Esto significa que el biochar ayuda a evitar que ese carbono regrese rápidamente a la atmósfera, convirtiéndose en una estrategia de mitigación del cambio climático.
¿De qué puede producirse?
Prácticamente cualquier biomasa vegetal limpia puede convertirse en biochar:
- Residuos forestales.
- Restos de cosecha.
- Podas urbanas.
- Cáscaras de frutos.
- Cascarilla de arroz.
- Bagazo de caña.
- Bambú.
- Restos de poda de árboles.
- Biomasa proveniente de sistemas agroforestales.
Lo más importante es utilizar materiales libres de contaminantes.

Del Terra Preta a la bioeconomía circular
Aunque el biochar fue utilizado hace siglos por comunidades indígenas de la Amazonía —inspiradas en los suelos conocidos como Terra Preta—, su desarrollo científico y comercial en América Latina apenas comienza. Hoy, países como Brasil, Colombia, Chile, México, Perú, Costa Rica y Argentina desarrollan investigaciones y proyectos piloto para transformar residuos agrícolas en biochar.
La región posee una ventaja competitiva única: una de las mayores disponibilidades de biomasa agrícola del planeta, proveniente de múltiples cultivos agroindustriales. En Colombia, los estudios realizados por universidades y centros de investigación muestran resultados prometedores con materiales producidos a partir de cascarilla de arroz, residuos de café, yuca y otras biomasas agrícolas, aunque la mayoría de las iniciativas aún se encuentran en fases de investigación o proyectos piloto.
Más que agricultura: una nueva bioeconomía
El biochar representa una pieza clave de la bioeconomía circular, donde los residuos agrícolas dejan de ser un problema para convertirse en materias primas de alto valor. Con esta tecnología es posible regenerar suelos degradados, reducir emisiones de gases de efecto invernadero, incrementar la resiliencia frente a sequías, favorecer la biodiversidad del suelo y generar nuevas oportunidades económicas para las comunidades rurales mediante mercados de carbono y productos con valor ambiental agregado.
En Colombia, el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural impulsa la transición hacia sistemas agroecológicos mediante programas para fortalecer la producción de bioinsumos, creando un entorno favorable para tecnologías regenerativas como el biochar. El Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA) y diversas universidades de la región también han incorporado la pirólisis y el biochar en sus líneas de investigación en bioeconomía.
El II Congreso Latinoamericano de Biochar: un momento histórico
La realización del II Congreso Latinoamericano de Biochar en Bogotá refleja el creciente interés regional por esta tecnología. El evento reúne a investigadores, productores, empresas y organizaciones para compartir experiencias sobre agricultura regenerativa, salud del suelo, producción de biochar y mercados de carbono, consolidando a Colombia como epicentro de esta revolución agrícola.
Todo indica que América Latina tiene las condiciones para convertirse en un referente mundial en el desarrollo del biochar. La combinación de biodiversidad, abundante biomasa, conocimiento agrícola y necesidad de restaurar millones de hectáreas degradadas convierte a la región en un escenario ideal para impulsar una bioeconomía regenerativa que beneficie tanto a los productores como al medio ambiente.
Una invitación a la regeneración
Comprender el biochar es comprender que la naturaleza no genera residuos: transforma los materiales para dar origen a nuevos ciclos de vida. La bioeconomía nos invita precisamente a eso: convertir lo que antes se desperdiciaba en oportunidades para producir de manera más sostenible, fortalecer las comunidades rurales y construir una agricultura que cuide el suelo para las próximas generaciones.
Porque un suelo sano, como lo demuestra la evidencia científica acumulada, es el comienzo de un futuro sostenible.