Frente al vacío regulatorio y los riesgos de la clandestinidad, SINTRABACANN, Fundación ATAR y Conexión Natural abren en el norte de Bogotá un espacio que propone un modelo alternativo de abastecimiento: trazable, comunitario y centrado en la reducción de riesgos. No reemplaza al Estado, pero demuestra que la sociedad civil puede organizarse para proteger derechos, vidas y territorios.
Bogotá D.C., 4 de septiembre de 2026.- Durante décadas, la respuesta oficial al cannabis se redujo a una fórmula sencilla: prohibir para controlar. La realidad, sin embargo, demostró que la prohibición no elimina el consumo ni las necesidades de quienes usan la planta. Solo las desplaza hacia circuitos clandestinos, informales y potencialmente peligrosos, donde el usuario desconoce el origen del producto, las condiciones de producción y los actores de la cadena. En ese contexto, una pregunta ha comenzado a ocupar el centro del debate: ¿qué sucede con los derechos de las personas cuando la prohibición las obliga a abastecerse en condiciones de mayor riesgo?
La respuesta, al menos en el norte de Bogotá, comienza a tomar forma con la apertura de Casa Wet-Wet, una nueva sede impulsada por el Sindicato de Trabajadores del Cannabis, Sintrabacann, la Fundación ATAR y el programa Conexión Natural. El espacio no es un dispensario al uso, ni una tienda, ni un club convencional: es un laboratorio social que busca demostrar que la comunidad puede producir mecanismos de regulación, cuidado y responsabilidad incluso cuando la regulación institucional todavía no ha encontrado una respuesta suficiente.
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De la clandestinidad a la trazabilidad comunitaria
El modelo que propone Casa Wet-Wet se aleja tanto de la lógica prohibicionista como de la lógica puramente comercial. Su apuesta central es la trazabilidad comunitaria: un mecanismo que conecta a trabajadores, pequeños productores, organizaciones y usuarios dentro de un circuito privado de abastecimiento, donde es posible identificar de dónde proviene el material vegetal y quiénes participan en el proceso.
A diferencia de la trazabilidad comercial —pensada en códigos de barras, lotes y fines de lucro—, la trazabilidad comunitaria es una herramienta de responsabilidad histórica y reducción de riesgos. Permite pasar de una relación anónima entre cultivador y usuario a una relación comunitaria en la que existen organizaciones, personas y responsabilidades identificables.
«Detrás de cada trabajador existe también un usuario. Detrás de cada usuario existe una cadena de abastecimiento. Y detrás de esa cadena existen personas que trabajan, producen, transforman, transportan y desarrollan actividades económicas y comunitarias», afirmó Juan Andrés Leguízamo, presidente de Sintrabacann, al explicar la decisión del sindicato de entrar en esta discusión. «Por eso asumimos una lucha jurídica y social por el reconocimiento de los derechos y libertades de trabajadores y usuarios vinculados a circuitos privados de abastecimiento».
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Una propuesta que redefine el cannabis como cuestión de derechos
Casa Wet-Wet plantea que el cannabis no debe leerse únicamente como un asunto de seguridad o de salud pública, sino también como una cuestión de libertad individual, trabajo digno, organización comunitaria y derechos fundamentales. El espacio busca ofrecer a los usuarios un entorno diferente al que históricamente ha producido la clandestinidad: un lugar de encuentro, información, acompañamiento y construcción comunitaria.
La apuesta no pretende reemplazar al Estado ni desconocer sus obligaciones en materia de salud pública. Por el contrario, busca demostrar que existen experiencias comunitarias que pueden ser reconocidas, acompañadas y discutidas institucionalmente. El desafío, plantean sus impulsores, consiste en pasar de una lógica basada exclusivamente en la persecución a una conversación sobre regulación, reducción de riesgos, trazabilidad, derechos y diálogo social.
Un contexto que exige respuestas nuevas
La propuesta de Casa Wet-Wet cobra especial relevancia en un país donde más del 50% de los cultivos de coca se realizan en pequeñas parcelas ocupadas por terceros en territorios colectivos de comunidades negras e indígenas, y en zonas de reserva forestal con alta biodiversidad y complejidad hídrica. Estas características establecen diferencias radicales frente a la agricultura comercial y los grandes monocultivos, y obligan a evaluaciones específicas que consideren variables inciertas.
En ese contexto, el sometimiento o la falta de libertad de cultivadores y pobladores vecinos, la dificultad de comunicación para garantizar información oportuna sobre medidas preventivas, y la imposibilidad de escoger las horas con condiciones adecuadas de viento, humedad y temperatura, aumentan los riesgos y la dificultad de control. Casa Wet-Wet propone, desde la sociedad civil organizada, una respuesta a esa complejidad.
Un espacio para tejer comunidad
La nueva sede en el norte de Bogotá se suma a una red de experiencias que buscan construir lo contrario del mercado negro: un circuito comunitario en el que sea posible identificar, acompañar y hacer seguimiento a los diferentes actores que participan en el proceso. No se trata simplemente de abrir un lugar para consumir, sino de construir comunidad alrededor de una realidad que ya existe.
Para Sintrabacann, Fundación ATAR y Conexión Natural, Casa Wet-Wet es mucho más que un espacio físico: es una demostración de que otra relación con el cannabis es posible. Trazable, responsable y centrada en las personas.




