#OpiniónEditorial ¿Golpe al narcotráfico o a eslabones débiles de la cadena?
Bogotá D.C., 6 de febrero de 2026. La Dirección de Tránsito y Transporte de la Policía Nacional incautó 1.400 paquetes de marihuana tipo «Kripy», correspondientes a 1,4 toneladas de las sustancia proveniente del sur del país y capturó a dos personas por el delito de tráfico, fabricación o porte de estupefacientes.
La captura se dio este viernes seis de febrero, en el marco de los controles permanentes que la seccional de Tránsito y Transporte del Meta realiza en la vía Bogotá–Villavicencio.
Detalles del operativo
Los hechos se registraron en el kilómetro 72+100, sector Pipiral, donde uniformados de tránsito realizaron la captura en flagrancia de dos personas. Además de la droga, fueron incautados un vehículo tipo turbo, una camioneta, un automóvil y cuatro equipos de telefonía celular.
De acuerdo con las investigaciones preliminares, el estupefaciente era transportado bajo la modalidad de ocultamiento en canastillas, cubriendo la ruta Miranda, Cauca, – Puerto Gaitán, Meta. El caso y los elementos incautados fueron dejados a disposición de la Fiscalía Especializada de Villavicencio, que adelanta las actuaciones judiciales correspondientes.
Comentario de la autoridad
El coronel Jair Parra, director de Tránsito y Transporte de la Policía Nacional, destacó la contundencia de este resultado, «este golpe al narcotráfico demuestra que las vías del país no son corredores para la delincuencia. Nuestros uniformados están capacitados para detectar las modalidades de ocultamiento que utilizan las estructuras criminales y actuar de manera oportuna para proteger a la ciudadanía», dijo.
¿Golpe al narcotráfico o a eslabones débiles de la cadena?
Mientras las autoridades celebran este logro, cada día transcurre sin que se toquen las estructuras reales del crimen organizado que controlan el negocio del narcotráfico a nivel nacional e internacional. Los verdaderos cabecillas, los grandes empresarios de la droga, los que financian y dirigen redes complejas de producción y distribución, rara vez son alcanzados por este tipo de controles viales.
Estos operativos suelen atrapar a los actores más pequeños de la cadena: transportadores eventuales, campesinos enrolados por necesidad, personas marginadas que ven en este oficio una opción de supervivencia en contextos de abandono estatal y falta de oportunidades.
La criminalización de los cultivadores y usuarios continúa, a pesar de fallos de la Corte Constitucional que reconocen el derecho al uso y porte de la dosis personal y de los esfuerzos por regulación del cannabis medicinal y cáñamo. Mientras tanto, el dinero de la droga sigue fluyendo y financiando grupos criminales que azotan al país con violencia, corrupción y control territorial.
La modalidad de ocultamiento en canastillas, mencionada en el operativo, es un método rudimentario que no requiere sofisticación ni grandes recursos, lo cual refuerza la idea de que se trata de actores de bajo nivel en la cadena delictiva. Celebrar estos resultados como grandes victorias contra el narcotráfico es, en muchos casos, una estrategia de propaganda que oculta la ineficacia real del modelo represivo para afectar a las grandes estructuras del crimen organizado.
En lugar de perseguir a los pequeños actores, el Estado debería dirigir sus esfuerzos hacia la desarticulación de las redes de poder económico y político que sostienen el narcotráfico, abordar las causas estructurales del conflicto armado y garantizar derechos como el acceso a la tierra, la salud y la educación para las comunidades afectadas. Dejar de perseguir y criminalizar a los cultivadores y usuarios y apostar por modelos basados en la salud, la reducción de daños y la justicia social es fundamental para construir una verdadera paz y seguridad en Colombia.